AQUELLAS HISTORIAS QUE SE ACABAN...
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta (John Lennon).
Siempre hemos temido el final de una historia de amor: por miedo a estar solos, por miedo a un futuro incierto, o porque así nos lo enseñaron de pequeños. El amor es eterno, no acaba. Pero como todo en la vida, tiene un hermoso principio y claro, puede tener un no menos hermoso fin. Hay flamantes historias de amor que duran toda la vida y también hay hermosas historias de amor con una fecha de caducidad.
¿Por qué la dejamos escapar?
Una rutina que va tejiendo su emboscada alrededor de nuestros cuerpos, meticulosamente, silenciosamente, para que nosotros no podamos decirle que aquella no debe ser su morada.![]() |
Pero a pesar de todo, cada historia se cubre de bellos momentos y mejores recuerdos, cada historia es un aprendizaje y cada historia nos recuerda que somos pura emoción.
Y por eso, cuando una historia se acaba, debemos agradecer todo lo que nos enseñó, todo lo que vivimos y todo lo que sentimos.
Y si no recordamos esa historia como parte de lo que hoy somos, quizá vayamos sin darnos cuenta cementando nuestro preciado corazón por temor a volver a sufrir. Y La herida de no amar es mucho más profunda que la de no hacerlo por miedo a sufrir.
Y si no recordamos esa historia como un triunfo de nuestra experiencia o como un resultado de nuestro yo actual, no habremos ganado, porque como dice Hermann Hesse, siempre gana quien sabe amar.
Da igual por qué se acabe.
-Es cierto que quizá no te diste cuenta y ahora pretendas luchar por algo que ya no tiene vida. Es como una planta que se te ha secado en tu pequeño jardín. Has ido viendo como día a día iba marchitándose, secándose. Te miraba y te pedía agua y las prisas, la inconsciencia o tu propia infelicidad, te impedían regar esa planta. cuando ya nos damos cuenta es complicado resucitar esas historias que se han ido apagando con nuestro permiso.
-También puede ser cierto que quizá te diste cuenta y luchaste hasta dejar las marcas de tu corazón en cada esquina de tu historia. Enhorabuena, porque si eso es así, y la savia a pesar de todo se ha evaporado, sabrás terminar tu historia con un corazón lleno de orgullo y de fuerza. Porque saber luchar por amor es quizá uno de las heroicidades más grandes que el hombre puede cumplir. Siéntete tranquilo y sonríe, tendrás muchas más historias por las que luchar y volver a disfrutar.
-Quizá nadie quiso darse cuenta porque nuestra historia ya no era nuestra, simplemente tocaba a su fin. Entonces, déjala partir, porque con o sin tu permiso, la historia te dirá adiós.
No intentes comprender por qué aquellas historias se han acabado.
Y si ya no amplifica, si no hay magia, o si no hay interés, deja correr esa bella historia y sonríe, agradece, aunque llores porque lo que aprendiste quizá te duela. Pero ese aprendizaje se convierte en la clave de tu propia felicidad. No te vayas con ella, no sufras. Ella te iba diciendo desde hace tiempo que quería acabarse. Pero siempre te dejará su mejor legado: su aprendizaje.







No hay comentarios:
Publicar un comentario