sábado, 11 de junio de 2016

RAZÓN O EMOCIÓN: EL ETERNO DILEMA



 
RAZÓN O EMOCION...QUÉ TE GUÍA A TI?
Tiempos modernos, tiempos sobre todo prácticos donde la tecnología nos ha dado la posibilidad de hacer cada vez más, aprovechando cada minuto. 

Tiempos de razón y de eficiencia. 

La ingeniería racional o la razón, que ganó la batalla a la emoción, forma ya parte de nosotros y nos acompaña en el viaje de la vida, bien planificado y organizado.

En la pasión y en las emociones, la ingeniería también se ha instalado cómodamente. A mí no me pidió permiso, llegó y me invitó a seguirla. 

Y la seguí feliz, convencida de que con ella construiría un puente sólido, firme que me llevaría donde yo quisiera ir.

Y aquí la tengo, a mi lado, compañera de viajes, paseando por un puente que ha creado con auténtico fervor, estudiando los planos, los pilares firmes de hierro que lo sustentan, sabiendo cuanto peso pueden aguantar y con cuanto cemento los debe revestir.

Le di las gracias por tanto trabajo...me cogió del brazo y me dijo que pasearía conmigo.

Y cuando me cruzaba con alguien, la ingeniería racional me lo presentaba. 

Pero antes, me había indicado las palabras que yo debía decir para que las frases no colapsaran estrepitosamente.

Y cuando la conexión fluía, la ingeniería racional, suavemente me indicaba que abrazos dar o que besos, para que el momento no se esfumara presurosamente.

Y cuando la emoción estaba en la cumbre, dócilmente me sugería que las alturas tienen peligro. 

Todo para que yo no me desmoronara, preservándome con fuertes pilares, tal y como ella había hecho con el puente. Me recubrió de cemento para protegerme. Y se lo agradecí.

Y si el amor llegaba, me susurraba que la prudencia era necesaria porque el corazón podía romperse como lo haría el puente por el que caminábamos si fallaban los pilares. Reconocí su trabajo ya que mi corazón seguía intacto.


Se mantenía caminando a mi lado, prometiéndome seguridad y tranquilidad. Indicándome que mirara siempre hacia delante.

Pero un día, desvié los ojos. 

Quizá sin darme cuenta, me cansé de ese puente tan pulcro y tan firme. 

Y vi un puente que me robó el corazón. Y allí dejé a la ingeniera racional y corrí, sin volver la mirada, deseando llegar al nuevo destino.

Era un pequeño puente, algo destartalado, sujeto con cuerdas gruesas y con grandes maderas. Tenía la pátina del tiempo y la belleza de aquello que parece ser mágico. 

De lo que invita a mirar, y a deleitarte. Esa fuerza portentosa que detiene el tiempo, los minutos, los segundos.

Di unos cuantos pasos. Me extrañó que ni siquiera un cartel me advirtiera sobre la inestabilidad del puente o los peligros de esas cuerdas desgastadas. 

Empecé a cruzarlo y no tuve miedo, y seguí andando por sus maderas destartaladas que cada vez enamoraban más a mi corazón.

Me crucé con alguien y sonreí. Nadie me advirtió de las palabras que debía o podía decir, nadie me insistió en cómo debía besar o abrazar.

Volví mi mirada hacia el magnífico y grandioso puente que había sido mi casa tanto tiempo. 

Dibujé una sonrisa melancólica al ver como la ingeniería racional seguía allí, de la mano de aquellos que temen caerse o colapsar ruidosamente, de aquellos que temen dañar al corazón, instruyéndoles con su eterna paciencia. 

Le di las gracias porque me había enseñado muchas cosas: a construir, a tener voluntad, a estudiar, a planificar. 

Me enseñó a crear pero no a creer. 

Pero se olvidó de enseñarme a no tener miedo.

Y en este viejo puente me senté. Aquí dejaría mi corazón, dispuesto a amar sin miedos, sin planificar, sin organizar, sin medir. 

El añoso puente me ayudaría a construir un corazón valiente, poderoso.

Esos corazones no se quiebran, no enferman, no sufren. Sólo aman, aprenden y crecen. Viviendo y disfrutando. 

No me planteé el futuro; si el puente se rompía, nadaría en aguas limpias o sucias, tranquilas o revueltas, azules o verdes, en aguas cristalinas o nebulosas.

Seguí caminando, disfrutando de las destartaladas maderas, y cada paso me hizo sonreír un poco más. Ese era el puente donde yo quería estar. 



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