viernes, 3 de junio de 2016

LA MADRE PERFECTA


¿EXISTE LA MADRE PERFECTA?

Cuando era pequeño, mi madre me decía: si te haces soldado llegaras a general, si te haces cura, llegaras a Papa. Yo me hice pintor y llegué a Picasso (Pablo Picasso).

Cada uno lleva en si una imagen de mujer sacada de la propia madre; por eso se halla determinado a respetar a las mujeres en general, a despreciarlas o a ser totalmente indiferentes ante ellas (Friedrick Nietsche).

Allí está ella. Nuestra madre. Grande, pequeña, divertida, aburrida, sociable, solitaria, con carácter fuerte o dulce, sonriente o triste. Da igual el calificativo. Es ella, y desde que estamos en su vientre, la amamos o si no llegamos a amarla, su influencia siempre dejará huella en nuestro corazón, emociones o forma de ser.

Esa madre, siempre presente, o siempre ausente, esa madre que nos reconforta o apenas nos escucha, da igual; esa madre está ahí y es parte de todos nosotros.

Cuántas veces hemos llorado, nos hemos entristecido o nos hemos alegrado enormemente y de nuestra boca, sólo ha salido una palabra: mamá… Ella está allí, y siempre estará.

Nietsche habla de indiferencia pero yo creo que hasta la madre más ausente, o más fría, dejará su impronta y su sello en el hijo que tuvo. Y aunque el hijo descubra atributos o realidades no apreciadas sobre la madre, la influencia de una madre transciende más allá de todo ello.

A pesar de esa influencia, buena o malsana, muchas veces hemos deseado tener la madre perfecta: aquella que nos escucha, que nos viene a ver cuando la necesitamos, que no fuma, que bebe lo justo, que cuida de nuestros hijos, que nos ofrece su casa con cariño, que nos apoya en las decisiones que tomamos, que nos ofrece confort cuando estamos tristes o soluciones cuando estamos perdidos. La madre que nos ama y nos entiende.

Pero de repente podemos encontrarnos con que eso no sucede. Esa madre perfecta, no es tan perfecta... Y empezamos una letanía lenta de deseos encontrados, buscando esa excelencia: mamá tendría que estar aquí…mamá debería apoyarme…mamá debería estar más con sus nietos…ella no me entiende… Ojalá fuera una madre mejor.

Y esa sucesión de deseos se vuelva infinita cuando hablamos de nuestro querido y no olvidado pasado: ella no me dio la libertad suficiente o me dio en exceso, jugó poco conmigo, no me apoyó lo necesario, no me venía a buscar al colegio, o me venía a buscar demasiado.

El Dr. Edmundo Velasco, experto en PNL dice en una conferencia: “madre sólo hay una…y menos mal que sólo hay una, porque si tuviéramos más de una, no podríamos soportarlo”.

Lo que es evidente es que la influencia de la madre, para bien o para mal, es innegable. ¿Pero podemos hablar de una madre perfecta?

Si, yo creo que la madre perfecta existe: en mi caso es la mia, y en el tuyo es la tuya.

Porque mi madre es perfecta: vive su vida, siente y actúa como es ella. Lo que me transmitió es lo que ella asimiló y procesó en un mundo un poco enredado y confuso. Su forma de amar es la que ella entendió y comunicó. Y es la que yo necesito. Su amor supera los límites del amor, aunque no nos demos cuenta. Su presencia es real aunque a veces esté ausente. Sí, claro que existe la madre perfecta. Y es la que nosotros construimos.

Porque puedes construir una madre perfecta o una madre imperfecta. Y vuelve a depender de nosotros.

Al final, es un resultado de creación. Puedes levantar obras de arte o destruir las que ya existen. Todo está dentro de nosotros. Y la madre perfecta también lo está. Porque hemos entendido que el amor que nos da es real y viene marcado con su huella. Es ella, es nuestra madre. 
Con sus anhelos, y sus miedos, con su amor asfixiante o su amor ausente, con sus risas o con sus enfados, con su presencia o con su ausencia, con su apoyo o con su desamparo, con su dulzura o con su frialdad, con su fuerza o con su debilidad, con su mano en la mía, o con la mía en la suya. Porque ella es la madre perfecta y así lo puedes sentir…

DÉJAME DECIRTE QUE SÍ, ESA MADRE PERFECTA EXISTE Y ES LA TUYA Y LA MÍA.




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