miércoles, 5 de octubre de 2016


AQUELLAS HISTORIAS QUE SE ACABAN...

El amor no tiene cura, pero es la cura de todos los males (Leonard Cohen).

Siempre gana quien sabe amar (Hermann Hesse).

La mayor declaración de amor, es la que no se hace. El hombre que siente mucho, habla poco (Platón).

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta (John Lennon).
Siempre hemos  temido el final de una historia de amor: por miedo a estar solos, por miedo a un futuro incierto, o porque así nos lo enseñaron de pequeños. El amor es eterno, no acaba. Pero como todo en la vida, tiene un hermoso principio y claro, puede tener un no menos hermoso fin. Hay flamantes historias de amor que duran toda la vida y también hay hermosas historias de amor con una fecha de caducidad. ¿Son menos bellas? No, si aprendemos algo y crecemos con ellas. ¿Y por qué se va esa bonita historia de amor?
¿Por qué la dejamos escapar? Estas historias se van despidiendo poco a poco, sin apenas darnos cuenta porque si nos diésemos cuenta, quizá intentaríamos parar ese goteo infinito y cansino que día a día nos va enfriando.
Una rutina que va tejiendo su emboscada alrededor de nuestros cuerpos, meticulosamente, silenciosamente, para que nosotros no podamos decirle que aquella no debe ser su morada.

Pero sí, aquella historia de amor, que nacía con ganas de ser infinita y dichosa, se fue convirtiendo en una losa difícil de llevar pero sobre todo porque la fuimos llevando sin darnos cuenta de que ese peso nos iba mermando. Simplemente, la soportamos con una sonrisa pensando que esa piedra formaba parte de nuestras vidas.

Pero a pesar de ese lastre, cada historia es en sí, divina y nos enseña mucho. Cada historia se cubre de bellos momentos y mejores recuerdos, cada historia es un aprendizaje y cada historia nos recuerda que somos pura emoción.
Y por eso, cuando una historia se acaba, debemos agradecer todo lo que nos enseñó, todo lo que vivimos y todo lo que sentimos. Porque gracias a esas historias, seguimos viviendo y disfrutando del mejor legado que tiene el hombre: de las emociones, puras, intensas, mejores o peores. Pero al fin y al cabo, emociones, contenidas en una historia.
Y si no recordamos esa historia como parte de lo que hoy somos y no agradecemos lo vivido, quizá vayamos sin darnos cuenta cementando nuestro preciado corazón por temor a volver a sufrir. Y el corazón lo tenemos para amar. Y para sentir. No podemos impedírselo. La herida de no amar es mucho más profunda que la de no hacerlo por miedo a sufrir.

Y si no recordamos esa historia como un triunfo de nuestra experiencia o como un resultado de nuestro yo actual, no habremos ganado, porque como dice Hermann Hesse, siempre gana quien sabe amar. Y si sabes amar, sabrás porque esa historia se está acabando. Y sabrás como despedirte de ella.

Sin declaraciones, en silencio, con ruido o con una fiesta comprenderás que la vida te estaba anunciando el final de esa historia.

Da igual por qué se acabe.
-Es cierto que quizá no te diste cuenta y ahora pretendas luchar por algo que ya no tiene vida. Es como una planta que se te ha secado en tu pequeño jardín. Has ido viendo como día a día iba marchitándose, secándose. Te miraba y te pedía agua y las prisas, la inconsciencia o tu propia infelicidad, te impedían regar esa planta. En ese momento, no éramos conscientes de como terminaría esa planta. Y cuando ya percibíamos que la planta se apagaba, corríamos despavoridos a darle mejor tierra y mejor agua. Sin resultados, ya no los hay. Porque la planta ya no respira. Ya no hay savia; el líquido que recorre su tallo y que está lleno de sustancias básicas para que la planta crezca, se ha evaporado. Y al igual que intentar hacer revivir esa planta, es infructuoso resucitar esas historias que se han ido apagando con nuestro permiso.

-También puede ser cierto que quizá te diste cuenta y luchaste hasta dejar las marcas de tu corazón en cada esquina de tu historia. Enhorabuena, porque si eso es así, y la savia a pesar de todo se ha evaporado, sabrás terminar tu historia con un corazón lleno de orgullo y de fuerza. Porque saber luchar por amor es quizá uno de las heroicidades más grandes que el hombre puede cumplir. Siéntete tranquilo y sonríe, tendrás muchas más historias por las que luchar y volver a disfrutar. 

-Quizá nadie quiso darse cuenta porque nuestra historia ya no era nuestra, simplemente tocaba a su fin. Entonces, déjala partir, porque con o sin tu permiso, la historia te dirá adiós.

No intentes comprender por qué aquellas historias se han acabado. Lo importante es ver lo que hemos aprendido y agradecer lo que hemos crecido. Porque sí, con cada historia, vas a crecer, vas a experimentar y vas a soñar. Y no tienes por qué sufrir. Cuando la conexión mágica de nuestras historias se empieza a romper, déjala ir. No tengas miedo. Una historia sin magia ya no es una historia. Es una necesidad. Y aunque nos enseñaron que el amor es encontrar a tu media naranja, piensa que eres una unidad completa, entera. El amor está dentro de nosotros y una pareja nunca debe ser una necesidad, pero si un amplificador de ese éxtasis enorme que existe dentro de ti.
Y si ya no amplifica, si no hay magia, o si no hay interés, deja correr esa bella historia y sonríe, agradece, aunque llores porque lo que aprendiste quizá te duela. Pero ese aprendizaje se convierte en la clave de tu propia felicidad. No te vayas con ella, no sufras. Ella te iba diciendo desde hace tiempo que quería acabarse. Pero siempre te dejará su mejor legado: su aprendizaje. Agradécelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

                                           “EL CIRCO ROMANO Y LAS REDES SOCIALES” Cuando he leído a Posteguillo (autor entre otros de Los ...