AQUELLAS
HISTORIAS QUE SE ACABAN...
El amor no tiene cura, pero es la cura de
todos los males (Leonard Cohen).
Siempre gana quien sabe amar (Hermann
Hesse).
La mayor declaración de amor, es la que no
se hace. El hombre que siente mucho, habla poco (Platón).
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros
es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos
la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida
merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta
(John Lennon).
Siempre hemos temido el final de una historia de amor: por
miedo a estar solos, por miedo a un futuro incierto, o porque así nos lo
enseñaron de pequeños. El amor es
eterno, no acaba. Pero como todo en la vida, tiene un hermoso principio y
claro, puede tener un no menos hermoso fin. Hay flamantes historias de amor que duran toda la vida y también hay hermosas historias de amor con una fecha de
caducidad. ¿Son menos bellas? No, si aprendemos algo y crecemos con ellas. ¿Y
por qué se va esa bonita historia de amor?
¿Por
qué la dejamos escapar? Estas historias se van despidiendo poco a poco, sin apenas darnos
cuenta porque si nos diésemos cuenta, quizá intentaríamos parar ese goteo
infinito y cansino que día a día nos va enfriando.
Una rutina que va tejiendo
su emboscada alrededor de nuestros cuerpos, meticulosamente, silenciosamente,
para que nosotros no podamos decirle que aquella no debe ser su morada.
Pero sí, aquella historia de
amor, que nacía con ganas de ser infinita y dichosa, se fue convirtiendo en una
losa difícil de llevar pero sobre todo porque la fuimos llevando sin darnos
cuenta de que ese peso nos iba mermando. Simplemente, la soportamos con una
sonrisa pensando que esa piedra formaba parte de nuestras vidas.
![]() |
Pero a pesar de ese lastre,
cada historia es en sí, divina y nos enseña mucho. Cada historia se cubre de
bellos momentos y mejores recuerdos, cada historia es un aprendizaje y cada
historia nos recuerda que somos pura emoción.
Y por eso, cuando una
historia se acaba, debemos agradecer todo lo que nos enseñó, todo lo que vivimos
y todo lo que sentimos. Porque gracias a esas historias, seguimos viviendo y
disfrutando del mejor legado que tiene el hombre: de las emociones, puras,
intensas, mejores o peores. Pero al fin y al cabo, emociones, contenidas en una
historia.
Y si no recordamos esa
historia como parte de lo que hoy somos y no agradecemos lo vivido, quizá
vayamos sin darnos cuenta cementando nuestro preciado corazón por temor a
volver a sufrir. Y el corazón lo tenemos para amar. Y para sentir. No podemos
impedírselo. La herida de no amar es
mucho más profunda que la de no hacerlo por miedo a sufrir.
Y si no recordamos esa
historia como un triunfo de nuestra experiencia o como un resultado de nuestro
yo actual, no habremos ganado, porque como dice Hermann Hesse, siempre gana quien sabe amar. Y si
sabes amar, sabrás porque esa historia se está acabando. Y sabrás como
despedirte de ella.
Sin declaraciones, en silencio, con ruido o con una fiesta comprenderás que la vida te estaba anunciando el final de esa historia.
Da igual por qué se acabe.
-Es cierto que quizá no te diste cuenta y ahora pretendas luchar
por algo que ya no tiene vida. Es como una planta que se te ha secado en tu
pequeño jardín. Has ido viendo como día a día iba marchitándose, secándose. Te
miraba y te pedía agua y las prisas, la inconsciencia o tu propia infelicidad,
te impedían regar esa planta. En ese momento, no éramos conscientes de como
terminaría esa planta. Y cuando ya percibíamos que la planta se apagaba,
corríamos despavoridos a darle mejor tierra y mejor agua. Sin resultados, ya no
los hay. Porque la planta ya no respira. Ya no hay savia; el líquido que
recorre su tallo y que está lleno de sustancias básicas para que la planta
crezca, se ha evaporado. Y al igual que intentar hacer revivir esa planta, es
infructuoso resucitar esas historias que se han ido apagando con nuestro
permiso.
-También puede ser cierto
que quizá te diste cuenta y luchaste hasta dejar las marcas de tu corazón en
cada esquina de tu historia. Enhorabuena, porque si eso es así, y la savia a
pesar de todo se ha evaporado, sabrás terminar tu historia con un corazón lleno
de orgullo y de fuerza. Porque saber
luchar por amor es quizá uno de las heroicidades
más grandes que el hombre puede cumplir. Siéntete tranquilo y sonríe, tendrás
muchas más historias por las que luchar y volver a disfrutar.
-Quizá
nadie quiso darse cuenta porque nuestra
historia ya no era nuestra, simplemente tocaba a su fin. Entonces, déjala
partir, porque con o sin tu permiso, la historia te dirá adiós.
No
intentes comprender por qué aquellas historias se han acabado. Lo importante es
ver lo que hemos aprendido y agradecer lo que hemos crecido. Porque sí, con
cada historia, vas a crecer, vas a experimentar y vas a soñar. Y no tienes por
qué sufrir. Cuando la conexión mágica de nuestras historias se empieza a
romper, déjala ir. No tengas miedo. Una historia sin magia ya no es una
historia. Es una necesidad. Y aunque nos enseñaron que el amor es encontrar a
tu media naranja, piensa que eres una unidad completa, entera. El amor está
dentro de nosotros y una pareja nunca debe ser una necesidad, pero si un
amplificador de ese éxtasis enorme que existe dentro de ti.
Y si
ya no amplifica, si no hay magia, o si no hay interés, deja correr esa bella
historia y sonríe, agradece, aunque llores porque lo que aprendiste quizá te
duela. Pero ese aprendizaje se convierte en la clave de tu propia felicidad. No
te vayas con ella, no sufras. Ella te iba diciendo desde hace tiempo que quería
acabarse. Pero siempre te dejará su mejor legado: su aprendizaje. Agradécelo.







No hay comentarios:
Publicar un comentario