viernes, 14 de febrero de 2020

San Valentín en el Gran Teatro de la Vida




Quiero llenar este párrafo de palabras bonitas, entrañables, llenas de ternura, llenas de emociones y de agradecimientos eternos.

Y empiezo contigo querida hija. Quiero decirte lo inmensamente feliz que soy por tenerte cerca y por compartir contigo esta colosal obra de la vida. Por vivirla juntas en el escenario. Por compartir conmigo los papeles de madre e hija que a veces, por caprichos de la vida, se intercambian convirtiéndote en una pequeña y curiosa mamá y yo en una alocada adolescente.

Hace 18 años que empezaste a actuar entre los atolladeros de la vida. A veces te tocaba reír, otras veces llorar. La mayor parte del tiempo encarnas tu papel de personita que crece y va mirando, indagando, resolviendo y también enredando. Actuando entre bastidores, otras veces entre bambalinas para luego hacer un papel protagonista a tu medida en el escenario.

Me siento agradecida, afortunada por tener que idear ese papel de madre sin guion previo, sin enseñanzas, sin ensayos, sin maestros. Pero gozando cuando salgo a escena.

Cuando recito mal o no recuerdo las palabras, cuando me vienen aquellas que no son…y no aquellas que me dieron para aprender. Pero cuando me veo allí en el teatro contigo a mi lado, no puedo dejar de sonreír y agradecer.
Valiente, segura, serena, recitas, actúas. Eres tú cuando cantas, cuando te caes, cuando te levantas, cuando te conviertes en la protagonista de esta gran obra.
Te miro y pienso que he tenido la suerte de ser distinguida con este papel de madre y poder verte actuar cada día, aplaudirte o corregirte… a veces sin razón, pero siempre con el corazón a un lado.

Con una suave melodía de piano de fondo pienso en la inmensa suerte de compartir contigo esta grandiosa obra de teatro: el teatro de la Vida.
Que todos los días sean San Valentín pequeña!










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