“Recuerda que vas a morir, vive” de Paul Kalanithi ¿Podemos hacer de
la ciencia el árbitro de la metafísica?
Hay libros que sacuden las
emociones. Y libros que con su lectura, te hacen crecer un poquito. Este
cumplió su cometido.
“Recuerda
que vas a morir, vive” es una obra de Paul Kalanithi, un famoso
cirujano que con tan solo 36 años fue diagnosticado de un cáncer de pulmón en
Estadio IV. El libro es una extraordinaria reflexión sobre el sentido de la
vida, la búsqueda de preguntas sin respuestas y la capacidad del hombre de
adaptarse a lo peor y a lo mejor. Muchas veces lo mejor, cuando nos sucede, por
no ser doloroso, pasa inadvertido así como nuestra capacidad de acomodarnos a lo
bueno.
Saber que vas a morir otorga
al hombre esa fuerza que necesita para despertar y vivir de verdad. Plasmada
con una enorme sensibilidad, belleza lingüística y emoción, el autor, nos descubre
su yo más profundo pero sobre todo desvela como vivió un cambio contundente al pasar de ser un prestigioso neurocirujano a ser un paciente luchando por vivir.
Su lectura nos acerca a
muchos temas: el aquí y el ahora, apreciar cada minuto de tu existencia,
despertar y vivir, enfrentarte a los miedos y cuestionarte muchos temas que quizá,
sin la sombra de una muerte próxima, nadie nos plantearíamos. Y entre
todos ellos, me llamó la atención una inquietud básica que le remueve desde lo más
profundo: siendo un hombre de ciencia, de libros, de conocimientos científicos,
se pregunta que esconde el más allá de la realidad física. Como se explican las
emociones y donde están las pruebas del amor, del ser, del odio, los sentidos,
en pocas palabras, aquello que no puede
ser comprendido materialmente. La metafísica estudia aspectos de la realidad
que son inaccesibles a la investigación empírica, escapando a toda posibilidad
de ser experimentados por el ser humano.
Entre otras cuestiones, Paul
Kalanithi cuestiona el poder que se otorga a la ciencia como árbitro de lo
físico y lo natural. ¿Realmente lo tiene? La razón, sin duda, ofrece una visión más
coherente del cosmos, pero no explica la otra parte de la física que se nos
escapa: la que va más allá de lo experimentable.
Hay un mundo que queremos
conocer y comprender. Pero ¿es suficiente la concepción materialista de la
realidad y la visión científica del mundo? ¿Es razonable apartar aquello que no
se puede demostrar?
Como científico se lo
pregunta en el libro intentando hallar respuestas. Como humanista no las
encuentra. De esta manera entiende que no se puede optar por la ciencia como regulador
de la vida. Porque la vida va más allá de lo simplemente verificable de la
física, de la naturaleza; todo aquello que no es evidenciable científicamente.
Si realmente hacemos de la
ciencia el árbitro de la metafísica, implicaría desterrar a Dios, ya que no hay
pruebas de su existencia; pero también supondría desterrar el amor, el odio, la
fe, el sentido.
Aunque todo conocimiento es
conocimiento científico, el autor también indica que la metodología científica al fin y al cabo es producto humano y por lo tanto carece de verdad absoluta o permanente. Construimos teorías científicas para organizar
y manipular el mundo reduciendo los fenómenos a unidades manejables. En pocas
palabras, usamos métodos científicos para intentar entender la vida.
Concluye que la ciencia puede proporcionar el
método más útil para organizar los datos empíricos pero también es incapaz de captar
los aspectos más esenciales de la vida humana: la esperanza, el miedo el amor,
la belleza, la envidia, el honor, la debilidad, el esfuerzo, el sufrimiento, la
virtud.
¿Cómo encontrar la verdad?
Puedes esforzarte pero la tarea es quimérica y si damos con una respuesta, su
verificación es ciertamente imposible.
El conocimiento humano nunca
está en una sola persona, surge de las relaciones que establecemos unos con
otros y con el mundo, y aun así, nunca se termina.
Siempre habrá una
disociación entre la teoría científica y las pasiones primordiales. La ciencia
no es pues ese juez... Una visión científica del mundo estaría desprovista de
alma, de dios y de emociones. Aunque para algunos, también esa sería la verdad. Esta vida tan dispar...





