lunes, 20 de junio de 2016

CUANDO LA FELICIDAD NO LLAMA A TU PUERTA


Cuando el amor no llama a tu puerta,
Cuando la ilusión no llama a tu puerta,
Cuando la amistad no llama a tu puerta,
Cuando la energía no llama a tu puerta,
Cuando la felicidad no llama a tu puerta,


Y SONRÍES porque sabes que es porque tú ya eres amor,
Porque tú ya eres ilusión,
Porque tú ya eres amistad,
Porque tú ya eres energía y
Porque tú ya eres felicidad.


Pero ves que tampoco la esperanza llama a tu puerta,
Y sin embargo ya no eres esperanza.
PORQUE NO ESPERAS, simplemente aceptas y fluyes con la vida…Te dejas llevar por el rio, revuelto o tranquilo, sin miedos, sin pensar a donde te llevará, ni por donde desembocará. Porque sabes que a donde llegues, estarás bien. No te hace falta esperanza, solo vivir y vivir sin miedo.
Ya no esperas que nada ni nadie llame a tu puerta, porque ya no hay puerta.



sábado, 11 de junio de 2016

RAZÓN O EMOCIÓN: EL ETERNO DILEMA



 
RAZÓN O EMOCION...QUÉ TE GUÍA A TI?
Tiempos modernos, tiempos sobre todo prácticos donde la tecnología nos ha dado la posibilidad de hacer cada vez más, aprovechando cada minuto. 

Tiempos de razón y de eficiencia. 

La ingeniería racional o la razón, que ganó la batalla a la emoción, forma ya parte de nosotros y nos acompaña en el viaje de la vida, bien planificado y organizado.

En la pasión y en las emociones, la ingeniería también se ha instalado cómodamente. A mí no me pidió permiso, llegó y me invitó a seguirla. 

Y la seguí feliz, convencida de que con ella construiría un puente sólido, firme que me llevaría donde yo quisiera ir.

Y aquí la tengo, a mi lado, compañera de viajes, paseando por un puente que ha creado con auténtico fervor, estudiando los planos, los pilares firmes de hierro que lo sustentan, sabiendo cuanto peso pueden aguantar y con cuanto cemento los debe revestir.

Le di las gracias por tanto trabajo...me cogió del brazo y me dijo que pasearía conmigo.

Y cuando me cruzaba con alguien, la ingeniería racional me lo presentaba. 

Pero antes, me había indicado las palabras que yo debía decir para que las frases no colapsaran estrepitosamente.

Y cuando la conexión fluía, la ingeniería racional, suavemente me indicaba que abrazos dar o que besos, para que el momento no se esfumara presurosamente.

Y cuando la emoción estaba en la cumbre, dócilmente me sugería que las alturas tienen peligro. 

Todo para que yo no me desmoronara, preservándome con fuertes pilares, tal y como ella había hecho con el puente. Me recubrió de cemento para protegerme. Y se lo agradecí.

Y si el amor llegaba, me susurraba que la prudencia era necesaria porque el corazón podía romperse como lo haría el puente por el que caminábamos si fallaban los pilares. Reconocí su trabajo ya que mi corazón seguía intacto.


Se mantenía caminando a mi lado, prometiéndome seguridad y tranquilidad. Indicándome que mirara siempre hacia delante.

Pero un día, desvié los ojos. 

Quizá sin darme cuenta, me cansé de ese puente tan pulcro y tan firme. 

Y vi un puente que me robó el corazón. Y allí dejé a la ingeniera racional y corrí, sin volver la mirada, deseando llegar al nuevo destino.

Era un pequeño puente, algo destartalado, sujeto con cuerdas gruesas y con grandes maderas. Tenía la pátina del tiempo y la belleza de aquello que parece ser mágico. 

De lo que invita a mirar, y a deleitarte. Esa fuerza portentosa que detiene el tiempo, los minutos, los segundos.

Di unos cuantos pasos. Me extrañó que ni siquiera un cartel me advirtiera sobre la inestabilidad del puente o los peligros de esas cuerdas desgastadas. 

Empecé a cruzarlo y no tuve miedo, y seguí andando por sus maderas destartaladas que cada vez enamoraban más a mi corazón.

Me crucé con alguien y sonreí. Nadie me advirtió de las palabras que debía o podía decir, nadie me insistió en cómo debía besar o abrazar.

Volví mi mirada hacia el magnífico y grandioso puente que había sido mi casa tanto tiempo. 

Dibujé una sonrisa melancólica al ver como la ingeniería racional seguía allí, de la mano de aquellos que temen caerse o colapsar ruidosamente, de aquellos que temen dañar al corazón, instruyéndoles con su eterna paciencia. 

Le di las gracias porque me había enseñado muchas cosas: a construir, a tener voluntad, a estudiar, a planificar. 

Me enseñó a crear pero no a creer. 

Pero se olvidó de enseñarme a no tener miedo.

Y en este viejo puente me senté. Aquí dejaría mi corazón, dispuesto a amar sin miedos, sin planificar, sin organizar, sin medir. 

El añoso puente me ayudaría a construir un corazón valiente, poderoso.

Esos corazones no se quiebran, no enferman, no sufren. Sólo aman, aprenden y crecen. Viviendo y disfrutando. 

No me planteé el futuro; si el puente se rompía, nadaría en aguas limpias o sucias, tranquilas o revueltas, azules o verdes, en aguas cristalinas o nebulosas.

Seguí caminando, disfrutando de las destartaladas maderas, y cada paso me hizo sonreír un poco más. Ese era el puente donde yo quería estar. 



viernes, 3 de junio de 2016

LA MADRE PERFECTA


¿EXISTE LA MADRE PERFECTA?

Cuando era pequeño, mi madre me decía: si te haces soldado llegaras a general, si te haces cura, llegaras a Papa. Yo me hice pintor y llegué a Picasso (Pablo Picasso).

Cada uno lleva en si una imagen de mujer sacada de la propia madre; por eso se halla determinado a respetar a las mujeres en general, a despreciarlas o a ser totalmente indiferentes ante ellas (Friedrick Nietsche).

Allí está ella. Nuestra madre. Grande, pequeña, divertida, aburrida, sociable, solitaria, con carácter fuerte o dulce, sonriente o triste. Da igual el calificativo. Es ella, y desde que estamos en su vientre, la amamos o si no llegamos a amarla, su influencia siempre dejará huella en nuestro corazón, emociones o forma de ser.

Esa madre, siempre presente, o siempre ausente, esa madre que nos reconforta o apenas nos escucha, da igual; esa madre está ahí y es parte de todos nosotros.

Cuántas veces hemos llorado, nos hemos entristecido o nos hemos alegrado enormemente y de nuestra boca, sólo ha salido una palabra: mamá… Ella está allí, y siempre estará.

Nietsche habla de indiferencia pero yo creo que hasta la madre más ausente, o más fría, dejará su impronta y su sello en el hijo que tuvo. Y aunque el hijo descubra atributos o realidades no apreciadas sobre la madre, la influencia de una madre transciende más allá de todo ello.

A pesar de esa influencia, buena o malsana, muchas veces hemos deseado tener la madre perfecta: aquella que nos escucha, que nos viene a ver cuando la necesitamos, que no fuma, que bebe lo justo, que cuida de nuestros hijos, que nos ofrece su casa con cariño, que nos apoya en las decisiones que tomamos, que nos ofrece confort cuando estamos tristes o soluciones cuando estamos perdidos. La madre que nos ama y nos entiende.

Pero de repente podemos encontrarnos con que eso no sucede. Esa madre perfecta, no es tan perfecta... Y empezamos una letanía lenta de deseos encontrados, buscando esa excelencia: mamá tendría que estar aquí…mamá debería apoyarme…mamá debería estar más con sus nietos…ella no me entiende… Ojalá fuera una madre mejor.

Y esa sucesión de deseos se vuelva infinita cuando hablamos de nuestro querido y no olvidado pasado: ella no me dio la libertad suficiente o me dio en exceso, jugó poco conmigo, no me apoyó lo necesario, no me venía a buscar al colegio, o me venía a buscar demasiado.

El Dr. Edmundo Velasco, experto en PNL dice en una conferencia: “madre sólo hay una…y menos mal que sólo hay una, porque si tuviéramos más de una, no podríamos soportarlo”.

Lo que es evidente es que la influencia de la madre, para bien o para mal, es innegable. ¿Pero podemos hablar de una madre perfecta?

Si, yo creo que la madre perfecta existe: en mi caso es la mia, y en el tuyo es la tuya.

Porque mi madre es perfecta: vive su vida, siente y actúa como es ella. Lo que me transmitió es lo que ella asimiló y procesó en un mundo un poco enredado y confuso. Su forma de amar es la que ella entendió y comunicó. Y es la que yo necesito. Su amor supera los límites del amor, aunque no nos demos cuenta. Su presencia es real aunque a veces esté ausente. Sí, claro que existe la madre perfecta. Y es la que nosotros construimos.

Porque puedes construir una madre perfecta o una madre imperfecta. Y vuelve a depender de nosotros.

Al final, es un resultado de creación. Puedes levantar obras de arte o destruir las que ya existen. Todo está dentro de nosotros. Y la madre perfecta también lo está. Porque hemos entendido que el amor que nos da es real y viene marcado con su huella. Es ella, es nuestra madre. 
Con sus anhelos, y sus miedos, con su amor asfixiante o su amor ausente, con sus risas o con sus enfados, con su presencia o con su ausencia, con su apoyo o con su desamparo, con su dulzura o con su frialdad, con su fuerza o con su debilidad, con su mano en la mía, o con la mía en la suya. Porque ella es la madre perfecta y así lo puedes sentir…

DÉJAME DECIRTE QUE SÍ, ESA MADRE PERFECTA EXISTE Y ES LA TUYA Y LA MÍA.




                                           “EL CIRCO ROMANO Y LAS REDES SOCIALES” Cuando he leído a Posteguillo (autor entre otros de Los ...