Quiero
llenar este párrafo de palabras bonitas, entrañables, llenas de ternura, llenas
de emociones y de agradecimientos eternos.
Y
empiezo contigo querida hija. Quiero decirte lo inmensamente feliz que soy por
tenerte cerca y por compartir contigo esta colosal obra de la vida. Por vivirla
juntas en el escenario. Por compartir conmigo los papeles de madre e hija que a
veces, por caprichos de la vida, se intercambian convirtiéndote en una pequeña
y curiosa mamá y yo en una alocada adolescente.
Hace
18 años que empezaste a actuar entre los atolladeros de la vida. A veces te
tocaba reír, otras veces llorar. La mayor parte del tiempo encarnas tu papel de
personita que crece y va mirando, indagando, resolviendo y también enredando.
Actuando entre bastidores, otras veces entre bambalinas para luego hacer un
papel protagonista a tu medida en el escenario.
Me
siento agradecida, afortunada por tener que idear ese papel de madre sin guion
previo, sin enseñanzas, sin ensayos, sin maestros. Pero gozando cuando salgo a
escena.
Cuando
recito mal o no recuerdo las palabras, cuando me vienen aquellas que no son…y
no aquellas que me dieron para aprender. Pero cuando me veo allí en el teatro contigo
a mi lado, no puedo dejar de sonreír y agradecer.
Valiente,
segura, serena, recitas, actúas. Eres tú cuando cantas, cuando te caes, cuando
te levantas, cuando te conviertes en la protagonista de esta gran obra.
Te
miro y pienso que he tenido la suerte de ser distinguida con este papel de
madre y poder verte actuar cada día, aplaudirte o corregirte… a veces sin razón,
pero siempre con el corazón a un lado.
Con
una suave melodía de piano de fondo pienso en la inmensa suerte de compartir
contigo esta grandiosa obra de teatro: el teatro de la Vida.
Que
todos los días sean San Valentín pequeña!